lunes 6 de febrero de 2012

Luck, Alcatraz, Touch

Luck
La nueva serie producida por Michael Mann promete ser uno de los clásicos de esta nueva temporada de series. Emitida por HBO, pero también disponible en Cuevana, Lucky, comienza entretejiendo una madeja de tensiones, traiciones y dinero, muchísimo dinero, donde la misería de los jugadores empedernidos y la ambición de los magnates del Turf, tiñen con un aroma trágico cada escena.
Protagonizada por Dustin Hoffman (Ace), Luck cuenta la historia de un traicionado empresario del juego quien retorna a los hipodrómos tras pasar tres años en la cárcel.
Cómo se encuentra bajo el régimen de libertad condicional comienza a operar a través de un testaferro (Dennis Farina) y lentamente, comienza a tejer su telaraña.
Tras el reconocido éxito de Boardwalk Empire, HBO redobla la apuesta con producciones constituidas por grandes elencos (deben agregarse Kevin Dunn, Richard Kind y Nick Nolte), historias sólidas y grandes directores y productores. El primer capítulo de Luck cuenta con la producción y dirección de Michael Mann, quien marcó a fuego esta primer emisión  apuntalando el relato con recursos que ya son parte de su estilo: travellings vertiginosos, mucha cámara en mano y una musicalización que soporta e impulsa la estructura narrativa.

En dos palabras: garpa mucho


Alcatraz

Una isla, viajes en el tiempo, planes siniestros y un enigma que a medida que se devela más información parece más confuso. Si se agrega que en la dirección y la producción se encuentra J.J. Abrahams, podríamos pensar en Lost. Pero no.
Alcatraz, la nueva producción de Bad Robot, la productora de Abrahams, trae una intrincada historia donde, y en principio, confluyen dos historias. Una de ellas, la historia oficial, que cuenta que todos los presos de la mítica cárcel de Alcatraz fueron transferidos luego que ese establecimiento se volviera muy costoso de solventar.
La otra historia, la que brota de los hechos, involucra a una detective (Sarah Jones) y a un Doctor en historia (Jorge García) quienes, combinando sus habilidades y con la ayuda secreta de un alto mando del FBI, tratarán de atravar, vivos o muertos, a todos los presos de alcatraz, los cuales, por razones desconocidas, aparecen 60 años despúes para cometer crímenes similares a los que cometían antaño.
Los ritmos narrativos, la fragmentación de la historia, que sucede en la dualidad de pasado y presente y la musicalización de Michael Giachino, remite a los espectadores a un terreno familiar, pero desconocido.
Hasta el momento, y con el riesgo que volverse repetitiva y previsible, Alcatraz es una buena opción, sin embargo, queda mucho por ver.


En dos palabras: garpa algo


Touch
Tim Kring y Francis Lawrence trabajan juntos en, Touch, la nueva serie protagonizada por Kiefer Sutherland. Tras el éxito ambivalente de Héroes, Kring vuelve a apostar a una serie afincada en lo real, donde lo sobrenatural emerge más como una dificultad que como una bendición, donde las personas comunes tienen que subir una pendiente cada vez más empinada.
En Touch se puede ver a un Sutherland más indefenso que en 24, lo cual ya es una buena noticia.
La historia cuenta que Martin Brhom, es un periodista venido a menos que perdió su esposa en 11 de septiembre y que desde entonces, divaga de trabajo en trabajo, lo que le quita muchísimo tiempo para su hijo autista.
Sin embargo, con el pasar de los minutos se puede percibir como, a su manera, el pequeño Jason no sólo se comienza a comunicar con su padre, sino que, también a su manera y muy crípticamente, puede predecir el futuro.
El primer capítulo de la serie se mueve entre dos polos, el drama realista de una sociedad norteamericana organizada por un darwinismo social imperante y por el otro, la fascinación por que las estructuras fragmentadas del relato, cierren a la perfección al final del capítulo y la grandilocuencia de los proyectos que elucubra.

En dos palabras: garpa algo






lunes 30 de enero de 2012

Refugio de un naúfrago

Conocida como música funcional, ese listado de veinte canciones que se repiten sin cesar durante todo el día, te mece, te acuna y te lleva a perder la noción del tiempo y, combinado con la graduación constante de las luces y al impertérrito orden de las góndolas, evocan un presente eterno.
A su vez, ese recorrido obligado una o dos veces por mes, se transforma, para muchos, en el espacio físico donde ocupar el tiempo en una tarde de lluvia, un feriado o quizás atender al consumo, esa banal necesidad efímera que suele identificarse con la felicidad.

Sobre cómo me fui del lugar donde nunca quise estar
De adolescente pensaba que las luchas verdaderas eran aquellas que dependían del individuo, que nada valía si uno no se ganaba, por merito propio, aquello que pretendía y que todo lo que podía conseguir, dependía únicamente de mi. Sin saberlo era adepto a una especie de voluntarismo idealista y naif.
Tiempo después de haber dejado mi pueblo, de haber terminado el secundario e inconclusa la licenciatura en economía tropecé con la izquierda. Sin saberlo, esa era la izquierda más puritana que podía encontrar. Lo era de tal forma que no paraba de fracturase en la búsqueda de un purismo que sólo era posible en los libros, al punto de rozar un materialismo idealista. En ese entonces, la lucha era algo colectivo y lo que se pensaba individualmente estaba condenado al fracaso.
A pesar de estas posiciones, que si se quiere pueden ser vistas como antagónicas, descubrí, en la misma forma que se descubre algo que siempre estuvo ahí, que la vida está plagada de luchas pequeñas, grandes, cíclicas, absurdas, lineales, imposibles, innecesarias, simples y evitables. De todas y cada una aprendí algo, o al menos eso me animo a creer. En este recuento fugaz que ahora llega a mi mente, pone sobre relieve una lucha que me significó, acaso, una formación de carácter y que entre otras cosas motiva este texto que se materializa en las líneas que desenrollo acá y que no es más que la excusa para buscar la punta de una madeja que lleva treinta años enrollándose.

Casi cinco años
Comencé a trabajar en el hipermercado un cinco de noviembre. En ese entonces, y desde mucho antes, todos los grandes conglomerados comerciales me parecían odiosos, detestables y banales. Cinco años después, me parecen odiosos, detestables y banales, pero hay algo que cambió...
Pocos días antes de cumplir cuatro años en el hipermercado supe que necesitaba un cable a tierra, un salvoconducto para aliviar el agobio producto de la rutina. Así abrí un weblog que decidí clausurar el 31 de marzo de 2010. Estaba decidido, después de ese día, de la forma que fuese, yo no iba a volver a pisar el mercado.
Tan lejos no estuve.
Esa lucha declarada y manifiesta que emprendí para mis adentros y que registraría en la web había comenzado mucho antes que tomara conciencia de ella. A diferencia de las personas que suelen evadirse de la realidad en sus trabajos, yo necesitaba de la realidad del mundo y de la facultad para escaparme mentalmente del trabajo que ocupaba gran parte de mi cotidianeidad.
Primero empecé a simular que trabajaba y, a espalda de los jefes, aprovechar para charlar con todos los que pasaran cerca. Sin embargo, a pesar de mi empeño, de las 600 personas trabajaban en la tienda sólo conocí a unas cien, de las cuales sólo mantengo contacto con una o dos.




La rutina
Quizás por una característica de mi personalidad a no manifestar fuertemente los desacuerdos, no responder exultante a las inquisitorias de los jefes, o simplemente porque uso anteojos y tengo cara de bueno, muchos respiraron tranquilos y confiados.
Tuve dos jefes en el mercado. Con el primero de ellos, no llegué a conformar una amistad pero sí, una relación basada en el respeto y cierta honestidad, mucho más de lo que tienen algunos
que se llaman amigos. Él tuvo una completa confianza en mi persona y en mi tarea, incluso conservo un buen recuero a pesar que era un adicto al trabajo que no diferenciaba el espacio laboral del personal y era capaz de llamar a cualquier hora.
En un sentido completamente distinto, el segundo podía hacerme cambiar de humor en minutos y acosarme por cualquier nimiedad…sobre todo acosarme. Solía aparecer, siempre con un rictus correcto y te decía “¿...y... como venís?”, sin importarle la respuesta. Para peor, siempre tenía una sugerencia, una indicación, todo para conservar la última palabra.
No sé bien si debido a un rasgo innato o a un mecanismo de defensa que desarrollé con el paso del tiempo, pero gracias a mi cara impávida, el tono monocorde y unos balbuceos que no aportaban nada, pude esquivar con asiduidad el aprieto de esa pregunta. La última palabra que tomaba mi jefe no era siempre verbal, en lugar de ella caía una palmadita en la espalda o una trompada en el lugar que le quedaba a tiro.

Un lenguaje único
Tocadas de culos, trompadas y un recordatorio de tu hermana o tu vieja. Eso configuraba el tópico predominante que, sumado a temáticas como, bailando por un sueño, el fútbol del fin de semana y la inseguridad, conformaban un combo altamente fastidioso.
El primer día de trabajo, aquel 5 de noviembre, llegué al mercado en las condiciones pre-solicitadas: pelo corto (rulos dominados), recién afeitado (barba de un día era suficiente para que te demoren en la entrada y te manden a afeitar) y ávido de aprender el know how de la empresa. En las semanas previas, tuve los exámenes laborales, ese primer día presencié la construcción de mi perfil.
- …y decime, ¿De qué cuadro sos?
- Boca… de chiquito era de Boca, pero ahora no lo sigo mucho, casi nada.
Sin saberlo cometí mi primer error, en su lógica de pensamiento resultaba necesaria una filiación de esa magnitud para recibir su primera etiqueta. Tener un tema para hablar o discutir, o dejar discurrir el tiempo en una charla insignificante ymal habida pero que simule una cercanía entre el jefe y el subordinado.
A esa siguieron otras indagaciones sobre el estado civil, las prácticas recreativas, las salidas de los fines de semana y por supuesto, el detector de masculinidad por excelencia: una evaluación de los culos de las promotoras del hipermercado, en ese momento, mi opinión valía como la de un juez que emitía veredictos inapelables.
Durante casi cinco años ordené, repuse, armé y vendí muebles; limpié, acomodé y ensamblé juguetes y conté, conté y conté toda la mercadería del mercado. Esa fue la última tarea que tuve, hacer inventarios, monótonos y previsibles inventarios, recuentos, uno por uno, de la mercadería: galletitas, fideos, tarros de café, paquetes de yerba, golosinas, platos, herramientas y todo un listado de cosas que la gente no necesita ni piensa en comprar hasta que aparecen dispuestas y al alcance de la mano en la góndola.

Rata, rabona, faltazo
Para faltar a trabajar no había nada más efectivo que enfermarse, lo cual era burocráticamente demostrable con un certificado. La clave estaba en inventar algo por un par de días: gripe, lumbalgia
o gastroenteritis, algo breve que te permita descansar y que no fastidie demasiado a los jerárquicos y así eludir las represalias acostumbradas que iban desde enviarte a realizar la tarea más pesada, hasta soportar un sermón moralizante sobre la responsabilidad que implicaba el trabajo.
Con frecuencia tuve, lumbalgia, gastroenteritis y diarrea, otra variante era la donación voluntaria de sangre, lo que me granjeaba un día de relax.
Quizás esos días “libres” no se podían aprovechar al máximo, pero significaban una interrupción inesperada en la rutina. Y eso, en medio de las labores más previsibles, era genial. Por fortuna
nunca me tocó la tarea más pesada, pero sí la inevitable charla con el jefe, su bajada de línea y la moralina sobre la responsabilidad.
A esta altura de los días, yo ya había perfeccionado un modo de escucha ausente que sigo utilizando y que comprende tan sencillamente un movimiento desacompasado de la cabeza simulando aceptación y un sí que parece más un silbido involuntario.

Relato de un náufrago
Las fiestas de fin de año y navidad componían un paréntesis con un dejo de novedad. El último prolegómeno de Nochebuena, esa tarde en el mercado, bebí champagne en un vaso descartable, recostado en una pila de alimento para perros, en la jaula del bazar al fondo del depósito. El calor y la humedad fueron suficientes para hacerme transpirar con el mínimo movimiento.
En esas celebraciones, los empleados de los dos turnos nos cruzábamos para brindar juntos, signo y representamen de un buen augurio. Muchos, aprovechaban el alboroto para comer y para brindar en exceso. Yo no fui menos y aproveché el exceso de empleados para refugiarme al amparo del pallet de alimento balanceado para terminar de leer Relato de un Náufrago.
Años antes, durante el último tiempo que trabajé en el bazar, ordené mi trabajo de tal forma que quedara un bache de unas dos horas para abocarme a la lectura. En esos ratos, entre la premura con que realizaba mis labores en las primeras horas y el tiempo necesario para dejar ordenado el salón para el día siguiente, forjé un espacio para sumergirme en varias novelas breves de autores como de Noé Jitrik, un dueto de clásicos de García Marquez, retazos de Feinmann, algo de Kundera y un Kafka amarillento que estaba arrumbado entre cajas de útiles escolares.

El fin buscado
El 17 de marzo salí del trabajo decidido a no volver. Todo se había acumulado a la altura de mi cuello, y presionaba como una quimera sobre mis hombres. A todo eso había que agregar que mi jefe problematizaba cada una de mis decisiones (tomarme los feriados y la licencias para rendir exámenes) y mis inventarios, revisaba en detalle los informes y me hacía quedar después de hora para analizarlos, junto a él.
Esa tarde, como si fuera un día más, dije hasta mañana. Pero cuando llegué a mi casa, llamépor teléfono a la psiquiatra que me habían conseguido semanas antes y decidí clavar el puñal por la espalda: sesenta días de licencia por estrés con una acusación por acoso contra mi jefe.
No fue, acaso, la resolución más valiente, ni la más confrontativa, pero sí la más efectiva. Al cabo de dos meses volví a trabajar y después de una inquisitoria culposa por parte de los jerárquicos, varios de ellos, terminé mis labores con una angustia representada en un nudo en mi garganta. Ese lunes no fui a trabajar y a media mañana llegó el telegrama que me desvinculaba de la empresa.
Si algo puedo afirmar de esta prolongada experiencia en el mercado, es que aprendí qué es la resistencia. Esa lucha cotidiana que, como yo, cientos de trabajadores materializan día a día y que no busca un grandilocuente fin último y que, como dice Gelman, no se resuelve yéndose sino de aprender a resistir, y en eso está la búsqueda de una simple y cotidiana humanización del trabajo.


Artículo publicado en la edición n°18 de la Revista Crepusculo



sábado 28 de enero de 2012

Nada nuevo que avistar

The big year entrelaza las historias de tres hombres que deciden participar de un concurso anual de observadores de aves. Con la intención de dejar una moraleja (lo importante es aquello que sucede mientras buscamos aquello que nos importa), los tres personajes descubrirán que la competencia no lo es todo, o al menos, eso le pasa a dos ellos.
Brad Harris (Jack Black) tiene 37 años, está divorciado, tiene un trabajo que le disgusta, vive con sus padres y todavía sufre el asedio de su papá quien lo considera un inútil que no ha hecho nada con su vida. Kenny Bostick (Owen Wilson) es el campeón defensor de récord de observación. Es un joven empresario, casado por tercera vez cuyo matrimonio pende de un hilo. Obsesionado con batir su propia marca, hará lo que se sea para mantenerse en primer lugar. Por último, Stu Preissler (Steve Martin) es un exitoso dueño y CEO de una empresa por la que pospuso todos sus sueños, incluso la participación en el concurso anual.
En este viaje, a lo largo de todo el país, los tres hombres se verán obligados a relacionarse por lo inhóspito de algunos lugares.
Con un guión pobre, repleto de lugares comunes, chistes con remates previsibles y desabridos, una fotografía que no explota los paisajes ni la diversidad de aves y una confianza ciega en tres de los cómicos más conocidos de los últimos tiempos, The big year se vuelve una película previsible. Los actores recurren a caracterizaciones de personajes ya construidos, donde la emotividad es un letargo insoportable y el film, en su totalidad, se vuelve una desconexión de escenas que poco tienen que ver con el leit motiv inicial.



FICHA TÉCNICA

The Big Year
Comedia

Director: David Frankel
Reparto: Owen Wilson, Jack Black, Steve Martin, Angélica Houston

#Garpa Poco

martes 24 de enero de 2012

UNLP: buscan controlar la leishmaniasis


Christina B. McCarthy publicó un artículo sobre su investigación acerca de la lehismaniasis visceral en una reconocida revista científica internacional 


Christina volvió repatriada a fines del año 2007. En Canadá se encontraba trabajando en un tema completamente diferente: los baculovirus, que son de aplicación agronómica.
“Tenía ganas de investigar en otra rama, yo había hecho el doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata en baculovirus y fui a hacer un postdoctorado en el mismo tema a Canadá” dijo a Hoy Christina B. McCarthy, investigadora del Laboratorio de Genética y Genómica Funcional que funciona en el Centro Regional de Estudios Genómicos que pertenece a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Para Christina no fue nada fácil, porque debido a la estructura que tiene el sistema científico,  “una vez que especializás en un tema es difícil cambiar por a falta de recursos, porque no tenés antecedentes, por lo que se dificulta empezar en un tema nuevo”, explicó.
Vector de leishmaniasis visceral
“Una de las líneas de investigación en las que estoy trabajando es en vectores de leishmaniasis visceral”, dijo McCarthy a este diario y explicó que “es un flebótomo (insecto pequeño) transmisor de leishmaniasis y es una enfermedad emergente en Argentina”, dijo la investigadora y agregó que el problema radica en que si no se trata, es mortal. Hay tres tipos de leishmaniasis, cutánea, mucocutánea y visceral.
Los vectores
McCarthy contó que en el año 2008 se descubrió el primer foco epidemiológico de leishmaniasis visceral en Argentina, en Misiones, Posadas. El flebótomo contagia el protista leishmani infatu chagasi, que es el que contiene la enfermedad.
“En Latinoamérica, principalmente, los perros son reservorios, por otra parte, la hembra de la mosquita, que es la hematófaga, cuando hay un perro infectado y es picado, adquiere el parásito que después trasmite”, explicó McCarthy y agregó que cuando la hembra pica a un humano, es cuando lo infecta.
La publicación
Christina McCarthy, junto a Luis Diambra, publicaron un artículo en la revista PLoS Neglected Tropical Diseases, sobre la que afirmó: “A través de esta investigación estamos tratando de encontrar un agente de control biológico para el flebótomo (lutzomyia longipalpis), que es uno de los vectores, debido a que no existe una cura y el tratamiento es muy costoso y muy traumático”, dijo McCarthy.
“Este flebótomo es una especie compleja de controlar porque no se conoce donde se desarrolla el estado larval, a diferencia del dengue, que se encuentra en el agua estancada y por lo tanto no se lo puede atacar”, explicó la investigadora y agregó que “entonces se utilizan insecticidas, pero estos insectos rápida y eficientemente desarrollan resistencia”.
A todo esto debe sumarse la variabilidad genética de los humanos, del flebótomo y del parásito y las estrategias de supervivencia.
Debido a esto, la investigadora puso de relieve cuál es la estrategia: “nos estamos enfocando en el vector que transmite el parásito y en las formas de controlarlo”.
Lo novedoso de esta investigación radica en que, “se ha encontrado que los microorganismos asociados a diferentes vectores de enfermedades muchas veces afectan tanto la capacidad vectorial como el desarrollo del parásito dentro del flebótomo”, explicó McCarthy y añadió que se “están analizando poblaciones de microorganismos que puedan ser utilizados como agentes de control biológico tanto del vector como del parásito”.
El proyecto
“Los vectores fueron tratados como muestras ambientales y, para esto, utilizamos un método que se llama metagenómica, que nos permite analizar y comparar el DNA de toda una población de microorganismos asociados al vector y al parásito”, explicó McCarthy.
“Sin embargo, fuimos un poco más allá y tomamos muestras silvestres, capturados en el campo, no criadas en laboratorio, y analizamos todo el DNA”, dijo la investigadora y agregó que le entregaron muestras de los flebótosmos de zonas endémicas de leishmaniasis visceral como Posadas, y de zonas de Brasil donde todavía no es endémica.
En base a esto, McCarthy comparó las dos muestras y encontró diferencias y similitudes entre ambos grupos y le permitió ver, a partir del secuenciamiento de segunda generación, qué organismos estaban presentes en los vectores. Entre ellos, encontró protistas como plasmodium, causal de la malaria, y otro protista que podría funcionar como agente de control biológico, porque naturalmente mata a los flebótomos.
Leishmaniasis y eutanasia
Hace un mes, en el lanzamiento del programa de tenencia responsable, el jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, hizo referencia a una enfermedad que avanza en el noroeste argentino y el Litoral. “Nos preocupa mucho la propagación de la leishmaniasis” indicó: “¿Habrá un millón de perros en el norte? Eso significa que hay unos cien mil que pueden contagiarla”.
“Amamos a nuestras mascotas, pero es importante que busquemos una solución definitiva a la leishmaniasis” dijo Fernández y agregó que “la tenencia responsable es el eje de esta iniciativa y tenemos que hablar de la esterilización quirúrgica. Es necesario efectuar un trabajo inteligente ya que aplicar la eutanasia no es la solución”.

La lucha de género es también una lucha política


Lograr la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres es el objetivo de trabajo de cientos de organizaciones.


Un 25 de noviembre del año 1960, Patricia, Minerva y María Teresa, fueron asesinadas, por orden del dictador Rafael Trujillo, a la vera de la ruta que une Santiago con Puerto Plata en la República Dominicana.
Ese año, la Organización de Estados Americanos había mandado unos representantes a observar la situación en la república, razón por la cual Trujillo liberó a las hermanas Mirabal. Sin embargo, los esposos de ellas permanecieron en la cárcel. Una tarde, cuando ellas volvían de visitarlos, fueron asesinadas de manera brutal.
El 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal.
“Hablar de género es hablar de política”, dijo a Hoy Florencia Cremona, miembro del Centro de Comunicación y Género,  y directora de observatorio de medios con perspectiva de género, y explicó: “Históricamente, el espacio público y la política fueron lugares designados y habilitados a los hombres, mientras que el ámbito de lo privado y lo doméstico correspondía a las mujeres”. En esto prima una división sexual de los roles en la que, sumado a la estigmatización de las militantes feministas, quienes son vistas como mujeres fuera de lo considerado “normal” por las visiones androcéntricas, se constituyen distintas formas de violencia.
Sin embargo, para Cremona, esto también se replica en muchos ámbitos de la vida cotidiana, tanto en espacios académicos, laborales, como públicos, donde la discriminación a las mujeres opera de una manera no tan visible como la violencia física, pero no por eso, menos dañiña. “Hablar de género, en una sociedad patriarcal es político, es meterse con las estructuras de poder que organizan el mundo”, explicó Cremona y añadió que en estas estructuras la mujer queda relegada por la predominancia de la figura del varón.
“Los estereotipos de género están incorporados como naturales y, a pesar de que hay avances debido a la lucha de distintos grupos que pelean por la equidad y los derechos humanos, hay prácticas de discriminación que están muy establecidas”, explicó Cremona,  y agregó “hay una falta de reconocimiento en la paridad de las mujeres por parte de los hombres, y hay toda una suerte de dichos populares que tienen una connotación sexual muy fuerte y que agravian a las mujeres, pero que al estar naturalizados, no escandalizan a nadie”.
Pero esto no es  una demanda exclusiva de las mujeres, también muchos hombres lucharon por la reinvindicación de estos derechos. “Hombres que luchan contra el patriarcado, del varón como proveedor”, dijo Florencia.
“Frente a esta situación, el Estado está reaccionando, en parte en respuesta al trabajo de base de organizaciones sociales, y también por la contribución de los medios sobre este tema”, explicó Cremona, y agregó: “Hay una contradicción en el discurso social, mientras que por un lado hay una ley contra la trata de personas, por el otro hay modelos culturales, fomentados por los medios, donde la mujer es mostrada como un objeto de consumo”. “Una labor pendiente es dar una disputa frente a todas estas operaciones del lenguaje, pugnando por no naturalizar esos estereotipos, donde  las mujeres resultan asociadas a la emocionalidad, lo impulsivo, lo irracional. Todas estas prácticas tienen consecuencias directas en la cultura y en el día a día de las mujeres”,  concluyó Cremona.

Una pandemia mundial
En el marco de la XVI Asamblea General de la Federación Iberoamericana de Ombudsman, el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak, consideró ayer que la violencia contra la mujer es “una pandemia mundial”.
 En ese sentido, Alak destacó “como violencia contra la mujer, la trata y la esclavitud sexual a la que muchas mujeres son sometidas” y señaló que “en los últimos dos años se han rescatado 1.200 mujeres y niñas que eran victimas de trata” y agregó que otro signo de la violencia es la utilización de los niños de métodos de castigo hacia la madre.
La defensora del pueblo de los habitantes de Costa Rica, Ofelia Taitelbaum Yoselevich, afirmó que “resulta imperativo que los estados pongan mayor atención y asuman su responsabilidad ante las violaciones de los derechos humanos que han padecido y siguen padeciendo las mujeres”.
Asimismo, sostuvo que “si bien podemos hablar de numerosos avances en materia de los derechos de las mujeres, también sabemos que falta muchísimo por hacer”.
“La violencia contra la mujer es considerada la violación a los derechos humanos más recurrente. No se encuentra localizada en un grupo específico, sino que es un problema universal que no distingue geografía, cultura, etnia, idioma, edad ni clase social”, afirmó.
El defensor del pueblo de la República del Ecuador, Fernando Gutiérrez Vera, afirmó que “hay muchísimos avances en esta materia alrededor del mundo” y agregó que “en 125 países se considera ilegal la violencia doméstica, en 115 la ley determina la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y 28 alcanzaron o superaron el 30 por ciento de mujeres en el Parlamento”.
“En Ecuador no hay una tipificación en la ley para casos de feminicidio o femicidio, se está tratando, pero aun no se resolvió”, concluyó.

Conserjería para prevenir la violencia contra las mujeres
La Universidad cuenta con una Consejería para la Prevención de la Violencia de Género. Es un servicio gratuito para todos los estudiantes donde se ofrece asesoramiento y contención a mujeres víctimas de maltrato. Funciona en el ámbito de la Dirección de Salud de la casa de estudios platense.
Este espacio, creado en 2010, tiene el objetivo de asegurar la detección, prevención, asesoramiento y derivación a los centros especializados de las mujeres en situación de violencia. Además, busca transformarse en un centro de información acerca del marco jurídico de protección de derechos para garantizar una vida libre de violencia.
Según explicó el titular de salud de la UNLP, Adolfo Brook, “aún hoy sigue circulando en nuestra sociedad la errónea idea de que la violencia de género es propia de las clases bajas o de ámbitos marginales; sin embargo, sabemos que este fenómeno burla estratos socioculturales y está afectando también a los estudiantes universitarios”.
La Consejería para la Prevención de la Violencia de Género está conformada por un equipo de licenciados en Obstetricia, en Trabajo Social, abogados y psicólogos. Funciona en el consultorio 6 de la Dirección de Salud, en la planta baja del Rectorado, los lunes y miércoles de 11 a 16; y los martes, jueves y viernes de 8.30 a 15. Además, el proyecto busca promover la toma de conciencia en la población universitaria sobre la problemática de la violencia de género.

Nota publicada en el Diario Hoy de La Plata
http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-167664


miércoles 21 de diciembre de 2011

Un resultado perfecto


Muriel Aguiar es una joven marplatense que se mudó a esta ciudad para estudiar Medicina. Después de más de un año de esfuerzo, logró aprobar el polémico ingreso.

 

A los 15 años Muriel Aguiar decidió que iba a estudiar Medicina, sin embargo, el principal obstáculo era la distancia que separaba a su ciudad de origen de la Facultad. Desde entonces, siguió ese anhelo con dedicación y voluntad hasta que, hace pocos días, lo consiguió aprobando una evaluación de manera perfecta.
La joven marplatense no contó con que sus padres, decididos a apoyar su proyecto, dejaron la ciudad costera para vivir junto a ella y poder afrontar los costos que implican solventar una carrera universitaria a distancia.
Durante los años 2009 y 2010, no sólo completó sus estudios secundarios en  el Colegio Nacional Rafael Hernández de nuestra ciudad, sino que comenzó a prepararse para el difícil ingreso a la Facultad de Medicina.
“Hace tres años lo decidí. Antes había mirado programas sobre el tema y me pareció una alternativa muy interesante, pero que tenía la dificultad de la distancia. Pero una vez que solucionamos eso, me definí completamente”, contó a Hoy Muriel.
Entre las especialidades que le gustan figuran anestecista y clínica, aunque también le interesa la bioquímica y la genética, pero no descarta tener nuevas afinidades a medida que avance en la carrera.
El resultado del esfuerzo
Este año, para el  ingreso a Medicina se inscribieron 1.760 aspirantes y llegaron al examen final, después de rendir ocho parciales, unos 615. En los dos cuatrimestres previos Muriel aprobó las ocho evaluaciones con un registro casi perfecto. En los exámenes cuatrimestrales obtuvo 57 puntos en cada uno.
La aprobación es condición necesaria para rendir la evaluación eliminatoria para ingresar a la carrera. El 29 de noviembre, Muriel se presentó a rendir y una semana después logró conseguir, sobre sesenta preguntas, sesenta respuestas correctas.
Un antecedente
Para entrar al Colegio Nacional Arturo Illia de Mar del Plata, en 7º grado tuvo que rendir, también, un ingreso eliminatorio. De esta forma dedicó tiempo extra mientras cursaba 6º año. Así fue que consiguió estar entre los 120 alumnos que ingresaban. Fue la número 29, según el orden de las mejores notas.
A pesar de residir en La Plata desde hace pocos años, Muriel reconoce que ya se siente cómoda en la ciudad, “me gusta La Plata, es una linda ciudad. Aunque no es nada que ver con Mar del Plata, me gusta mucho”.
Los preparativos
Muriel comenzó a prepararse con antelación, acudió a una conocida academia platense y desde septiembre de 2010 y durante todo este año, en simultáneo con el curso de ingreso, realizó prácticas en las distintas asignaturas y tuvo varios simulacros de examen.
Como si fuera poco, Muriel comenzó a dar horas cátedra en la Escuela Técnica nº 8, en las materias de Física y Química. “Con la práctica descubrí que además de la Medicina también me gusta la docencia”, dijo Muriel y agregó que esto le permite solventar sus gastos personales, entre ellos los del instituto.
La joven comenzó con la docencia de manera indirecta, ayudando a amigos del secundario y compañeros del ingreso. Cuando se presentó la oportunidad de la Técnica nº 8, concursó y se quedó con las horas.
Muriel explicó que su preparación no fue siempre igual, en este sentido, explicó, “no puedo estudiar la misma cantidad de horas todos los días, ni hacerlo siempre entre tal hora y tal hora. Voy estudiando de acuerdo a como me siento, igual aprovechaba muchas noches para hacer ejercicios de química”.
“Ahora que terminé con el ingreso tengo muchos ratos libres”, dijo Muriel entre risas y añadió,”voy a aprovechar a leer, me gustan los policiales, hace unos años terminé con la saga de Harry Potter, y entre mis libros favoritos está El túnel, de Sábato,  Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, Crónicas marcianas, de Ray Bradbury y casi todo Borges”.
Para rendir el examen, Muriel destacó que fue muy importante el trabajo que realizó en el instituto, sobre todo para trabajar los nervios y las formas en que se llenan las planillas. A esto debe sumarse su absoluta dedicación, la cual, a pesar de haber tenido costos, como tener que dejar sus clases de piano, esto le permitió un resultado perfecto. Resultado que hoy dedica a su abuelo Mario, fallecido en octubre de este año.

lunes 12 de diciembre de 2011

En primera persona




Dividido en dos partes, esta obra ofrece un acceso a relatos breves, donde las mujeres protagonistas enfrentan avatares de su vida, que acaso pueden no trascender su círculo doméstico, pero que, dotados de una venalidad y una realidad que va de frente, apelan a una sociedad en su conjunto. Su segunda parte está compuesta por un tríptico situacional donde una misma historia se construye desde tres momentos distanciados cronológicamente, pero que terminan por amalgamar una mirada sobre el amor, las relaciones de pareja, la convivencia y el sentido de la vida.
Giaconi propone una mirada arriesgada, directa, carnal, en donde todo es posible, donde las personalidades chocan y donde los temores afloran y las pesadillas se concretan, pero a su vez inyecta breves tintes de humor ácido, hilarante y real, que apuntalan la verosimilitud de cada texto de Carne viva. Respecto de esta obra, el escritor Marcelo Cohen dice: “Estos cuentos, variaciones del tema de la mujer anómala en las sombrías repeticiones de la vida privada media, están hechos de transiciones resbaladizas y diálogos imprudentes...”.








































Carne viva
Vera Giaconi
49 pesos
106 páginas
Eterna Cadencia Editoria